Texto escrito por Rosa Regas para el disco de Pedro Guerra, "Hijas de Eva"
"En ninguna de las tres religiones que constituyen la base de nuestra cultura mediterránea y buena parte de la cultura occidental (la católica, la musulmana y la judía) se concede a la mujer la equidad que exige la
Declaración de los Derechos Humanos: “todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”. En las tres religiones la mujer está sometida al hombre, en las tres la mujer no tiene voz, ni se oyen sus quejas ni sus lamentos, ni se castiga a quien la agrede, porque en las tres se la considera un ser inferior. ¿Por qué si no, ninguna de las tres acepta que la mujer sea ministro de su dios? De ahí que aunque sea abominable el comportamiento brutal de tantos hombres y desoladora la aquiescencia de ciertas mujeres, lo verdaderamente lacerante, lo ominoso, es el machismo que impera en nuestra cultura desde sus orígenes gracias al poder moral, económico y trascendental que se arrogan esas religiones y que, aún hoy tienen o pretenden tener, esgrimiendo razones morales para defender la sumisión, el silencio, el sufrimiento de la mujer en aras de una estructura familiar y económica, y de un orden social piramidal, que sea por eso
mismo controlable e inamovible. Ni el progreso, ni la riqueza, ni las leyes, ni los gobiernos democráticos logran acabar con esa lacra social que provoca cada año en España más victimas que el terrorismo.
Quizá no pueden. O no saben. O no están interesados: el poder también emana de la cultura y la cultura, ya lo hemos dicho, es profundamente machista.
¿Cómo luchar pues, nosotros, ciudadanos que no tenemos poder de decisión en el destino de la sociedad, contra cuatro mil años de religión y cultura excluyente y cruel con la mujer?
Tal vez lo mas fácil, lo que tenemos más a mano, sea tomar conciencia del dolor, la angustia, la soledad y la muerte que provoca la misoginia latente en nuestra cultura de la que casi ningún estamento social, ningún individuo, está exento. Tal vez no haya mas remedio que echar mano y difundir un conocimiento no científico sino poético del problema, que aconseja destruir el germen de esta infamia histórica y social tan arcaica.. Pero frente a tanto poder y tanta iniquidad, lo más probable es que el único camino para una solución verdadera esté en un poema, una música, una canción."
04 de Diciemmbre de 2013
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